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La vida de María en la tierra. La Anunciación

16.12.10



Anunciación. Goya



"Yo era muy joven cuando el Ángel del Señor vino a mí y me dijo que estaría esperando antes de que estuviera con José. Durante un rato me pregunté si no habría soñado esto, si era real. La única persona a quien me pareció le podría hablar sobre esto era una pariente lejana llamada Elisabeth que en aquel momento estaba esperando.

No tenía ni idea de que ella estuviera en esa condición, pues es nuestros días, noticias de ese tipo no se anunciaban. De hecho, cuando una mujer estaba embarazada, apenas salía de su casa.

Mientras me dirigía a la casa de Elisabeth repasé toda la escena con el Ángel constantemente en mi mente. Entonces cuando me estaba acercando a la aldea, un pensamiento atravesó mi mente y me detuvo instantáneamente. Yo no había tenido ningún problema con mis padres respecto a esta visita a Elisabeth, no hubo ni una sola palabra de protesta. Cada miembro de la familia tenía sus faenas, de manera que cuando uno se ausentaba la carga de trabajo aumentaba para todos los miembros de la familia. Concluí que esto era lo que había que hacer en este momento.

Al llegar a la puerta de Elisabeth, ésta me saludó cálidamente y dijo algunas palabras mágicas que me asombraron. Dijo: "¡Bendita eres entre las mujeres, y bendito es el niño que tendrás! ¿Pero por qué soy tan favorecida que la madre de mi Señor ha de venir a verme? Tan pronto como el sonido de tu saludo llegó a mis oídos, el niño en mis entrañas saltó con alegría."


Elisabeth y yo pasamos algunos días discutiendo los acontecimientos que le habían ocurrido a ella y a mí y cuán benditas éramos. Elisabeth tenía mucha información que darme sobre cómo agradar a Dios en esta gran aventura. Dijo que Dios hablaría con José y que él se convertiría en mi esposo. Todo detalle sería resuelto con la ayuda de Dios.


En aquellos días, estaba yo aprensiva y sólo sabía que José no me querría cuando se enterara de que yo estaba esperando. Mis preocupaciones continuaban: ¿cómo hombre alguno podía aceptar mi historia? Era increíble para mí. ¿Cómo le diría a José que simplemente estaba esperando, sin haber estado con un hombre? ¿Quién iba a creer semejante historia? Continuaba preocupada.


Durante esos días Elisabeth me enseñó a aquietar mi mente y permitir que el flujo del Espíritu de Dios entrara en mi ser y respondiera a todas estas preguntas. También me enseñó cómo estar serena acerca de cosas que estuvieran ocurriendo en mí y a mi alrededor, hasta el tiempo en que Dios revelara la historia.


Elisabeth se convirtió en mi mejor amiga y con mucha paciencia me enseñó cómo cuidar una criatura. Cómo buscar y oír la voz de Dios. Como una jovencita que era, yo no tenía ese conocimiento pero con su ayuda pronto aprendí muchas de las cosas de las mujeres. Las preguntas que no podía plantear a mi propia madre se las podía plantear a Elisabeth. Los días que pasaba en su casa eran un respiro y un descanso. Todas las formas en las que necesitaría depender de y confiar en Dios y en José fueron introducidas en mi mente.


Aunque siempre había sido muy devota y cuidadosa con mi patrimonio y costumbres religiosas judías, aprendí el significado oculto de muchas de éstas. Empecé a ver a Dios no como alguien alejado que sólo había hablado a nuestros ancestros sino que podía, en mis días, hablar a cualquiera.


Ahora estoy muy segura de que era Dios quién me enseñó a través de Elisabeth. Ella y yo tenemos un vínculo, incluso hasta el día de hoy, que no es sobrepasado por ningún amor. Los vínculos de amor que ustedes crean en la tierra son muy reales y se extienden a toda su vida eterna.


Al regresar a mi hogar y según el consejo de Elisabeth, conté a mis padres lo que había ocurrido, comenzando con la llegada del Ángel del Señor e incluyendo todo lo que había ocurrido durante mi visita a Elisabeth.


Pasamos mucho tiempo en oración y ayuno como era la costumbre en nuestro tiempo. Fuimos al templo y rezamos nuestras oraciones e hicimos los sacrificios apropiados como está dictado en nuestra religión. Entonces, con mucha compasión y amor, mis padres comenzaron a prepararme a mí y a ellos mismos para llevar esta maravillosa vida que Dios había ordenado."




4 comentarios:

rosscanaria dijo...

Qué bonito lo cuentas, es que estáis todas de un sensiblero....
Bitos Edda,

16 diciembre, 2010 20:01
Edda dijo...

;) No lo cuento yo, está extraído de unas canalizaciones que realizó Annie Kirkwood con María, o al revés, y es un texto que me encanta releer pues lo acepto como verdadero por las experiencias que he vivido, aunque hay voces que discrepan, pues tienen que haber opiniones para todo. Faltaría.
Próximamente mas. ;)
Un rebesote.

16 diciembre, 2010 20:27
Esther de Lózar dijo...

Edda, te saludo desde mi nueva incursión en este mundillo. Ya me he hecho tu seguidora y pasaré por aquí siempre que pueda. Un abrazo y gracias por tus palabras de bienvenida.

16 diciembre, 2010 22:20
Edda dijo...

Siempre serás bienvenida Esther, éstas en tu casa.
Un abrazo.
Besets.

17 diciembre, 2010 18:51

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Gracias por tus palabras, siempre son bienvenidas.
Recibe mi abrazo más luminoso.

Nota: Siento añadir "verificación de palabra" entraban muchos spams.

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